Lo que la muerte me enseñó sobre escribir
Te cuento mi día de ayer, porque quizá te sirve.
Ayer a la tarde me mandaron un mensaje para avisarme que se murió una tía.
Resulta que yo la quería (¿la quería? no, la quiero) muchísimo. Resulta también que vivía en Ushuaia y yo en CABA, cada tanto pensaba que debería ir a verla.
Ahora no se puede más. Ante la muerte es como que se apagan posibilidades, mundos potenciales, un multiverso que ya no sucederá.
Además de amorosa a más no poder, esta tía hacía las mejores empanadas de carne del mundo. En las fiestas familiares nos peleábamos por llevarnos dos cosas: las tortas de helado de mi mamá, y las empanadas de Hortencia.
Ayer salí a caminar y compré una empanada de carne, y la comí brindando con ella.
Porque se puede estar triste y agradecido.
Además, en el día recibí muchos mensajes de los que suelo recibir, con frases tipo “quiero escribir, pero tengo que terminar mi casa antes, te escribo en noviembre”, o “estoy saliendo de una operación de rodilla, apenas pueda me contacto”, “necesito acomodarme un poco y arrancamos”, gente que me cuenta sus motivos lógicos de porqué sigue postergando algo que dice amar, en este caso, escribir.
Algunos hacen esto conmigo hace cinco años, cuando empecé en redes. Yo ya sé que me escribe "el que no puede porque cuida a la madre" o "la que espera que se acomode el trabajo".
Entonces, te digo lo siguiente:
Si usás seguido frases del tipo: “Hace rato que quiero (tu deseo) pero mejor antes (tu excusa)”, creo que tenés que empezar a concretar.
A veces no se puede. A veces se puede y no avanzamos. El problema de la segunda, es que muchas veces se eterniza.
Hacete cargo de que te vas a morir y si hay algo que no hiciste aún, quizá fijate cómo articularlo rápido.
Si es escribir, yo tengo mi mail, mis libros, mis videos y mi programa.
Nos vemos, viví.
C.
PD: Un primo mío cuando era chiquitín preguntó “¿Hay empanadas en el cielo?”. Yo desde ayer, deseo que sí. Y que las haga mi tía, en un buffet de entrada cuando nos reciba San Pedro.