El sordo que enseñaba a escuchar

Anécdota de algo que viví en el gimnasio y me pareció divino. 

Entreno desde hace tres años. Principalmente, porque me hace sentir  bien. En el  medio, escucho  música o cosas que me gusten, para disfrutar más. 

Ayer me saqué los auriculares un segundo y capté una conversación tan atractiva, que volví a ponérmelos sin sonido, para disimular y escuchar todo. 

¿Te puedo dar un consejo? dijo un señor a una señora. 

Nada que empieza así suele terminar bien, pensé.  

Ella tenía unos cincuenta, claramente estaba empezando y tenía ese espíritu que me encanta de aquellos que se sienten sapos de otro pozo al empezar algo  nuevo. En el gimnasio se ve mucho, y lo festejo. 

Él tenía unos cincuenta, un cuerpo que parecía que nunca había hecho nada físico y al menos veinte kilos de más. O sea, era gordo. 

Si tenés algún problema con la palabra, no podés escribir. La palabra es esa, porque entendés lo que quiero decir.

Las palabras son para usarse. No para esconderlas. Y hay que bancarse decir lo que uno piensa. Una cosa es ser respetuoso con minorías o cuestiones, y otra es ser cobarde al hablar y escribir. 

Tema para otro mail, o curso, directamente. 

Bueno. Sigo. 

Cuestión que el señor se puso a darle recomendaciones a la señora, que lo miraba temerosa con su botellita térmica rosa, recibiendo una catarata de información sobre cómo hacer el movimiento, cuánto, mancuerna o barra, cinta o elástico. 

Le  escupió tanta información que era imposible de ejecutar.

Pero ella asentía con la cabeza.

El señor emanaba autoridad por lo que decía, pero no por lo  que era. Y la señora se quedó quieta como animalito asustado, recibiendo. Casi con la cabeza gacha. 

El final es épico. 

Él le hizo un comentario sobre su pelo. Y algo del cuidado del mismo, sonriendo. 

Él señor, no lo dije, además de gordo, era pelado. 

Aplausos. 

Pensé que era tal cual pasa con los guruses de escritura que tienen un micrófono Rhode, un estudio de streaming a todo culo y que te dicen que “tu personaje es plano, le falta relieve”. 

Y cuando buscás qué hicieron, la respuesta es: nada.  

Yo tengo un micrófono pedorro y una cámara barata. 

Y considero, además, que los personajes no existen. Si no tenés esa mirada, los  tratás como gente real. Que es lo  menos conveniente para escribir bien. Tratá como persona a tu tío, no a Hamlet. 

Además de mi equipamiento medio pelo, hice un par de cositas en relación a escribir. 

Te cuento todo en este video de mi Programa 1 a 1.

Quizá no lo compres nunca. Y está bien. 

Pero por favor, si querés consejos de escritura, chequeá bien de dónde salen.

Y si querés consejos fitness y de cuidado del cabello, no los tomes de un gordo pelado. 

Nos vemos, divertite. 

C. 

PD: Acá.