Te vendo lo que ya compraste, para que lo regales a otros.
Te explico el asunto de este mail, que parece complejo pero no tanto.
Estás en este newsletter. Ya compraste. Ya sé que no pagaste. Pero hiciste cosas: metiste tu mail, lo recibís, lo lees, etcétera.
Te ocupás. Yo te lo frezco, y vos lo tomás.
Por este newsletter, recibo comentarios malos, del estilo:
¿Qué es esto de resentido? Sacame ya.
O raros, del tipo:
Necesito trabajar.
No llega (sic)
Pero por suerte son muchos, muchos más, los comentarios buenos (y bien redactados)
Por citar algunos:
Veo que hay un coso tuyo, y voy directamente a los bifes: entro, lo abro, y lo leo.
Leo los mails y me están ayudando a enfocarme.
Me has estimulado a escribir nuevamente.
Ahora me caes mejor!
El último me gusta especialmente, porque estamos entre gente honesta.
O sea: vino, le caía más o menos, se quedó y ahora le caigo mejor. Y me lo dice.
Prefiero eso a la frialdad marketinera.
Hay más mensajes en ese tono. Son la mayoría.
Recibo una docena de mails diarios en respuesta a este newsletter. Juro que leo todos. Respondo los que puedo.
Cuestión.
Al final de los mails, siempre te dejo siempre varias opciones.
Hoy me gustaría dejarte acá, la página para que reenvíes si tenés a alguien que crees que esto le puede servir, como te sirve a vos, o como le sirvió a los que me escribieron.
Vamos, que al menos la foto con mi abuela en la portada de la web, vale la pena mirarla.
Reenvialo.
Nos vemos, divertite.
C.
PD: No tengo ningun pixel o rareza similar que me avise si lo mandaste o no, solo es una propuesta.
PD: Reenvialo, dale. ¿Qué ganás vos? Mi gratitud, que no es poco.