No invitemos a Freud a tu fiesta

Un comentario pequeño sobre la relación con escribir. 


Recibo muchos mensajes preguntando por el programa. Y primero charlo un poco para conocer a la persona, para ver si lo mío le puede ayudar. Y saber, también, si sería gustoso compartir un proceso 1 a 1. 


A ver: hablo de escribir ES DIVERTIDO, no quiero trabajar con alguien donde sienta que nos vamos a aburrir. 


Cuestión. 


Cuando se explayan sobre qué quieren hacer o hicieron, muchas veces, lo que me cuentan es más la introducción al psicólogo que una explicación de su relación con el escribir ficción. 


“Me separé y necesito sacarlo”. 

“Tuve un año de mierda y quiero descargar”.

“No me hablo con mi viejo y pensé que podía hacer un cuento”


Incluso me hablan de pérdidas grandísimas, y planean la escritura como apaciguador del dolor. 


Si sos de esos, entiendo. Si no sos, pero conocés, también tenelo presente. Nadie juzga. 


Pero escibir es escribir, y terapia es terapia. 


Si tenés depresión, tenés que ir al psiquiatra. Que en simultáneo escribas y eso te ayude, es otra cosa. 


Ni hablo de todos los cursos de “escritura terapéutica” que muchos toman como reemplazo directo de una terapia. 


Veo mucho esto, y creo que será cada vez mayor. Mucho por confusión y también porque quizá alguien no puede pagar terapia de manera sostenida, pero sí un curso de un fin de semana. 


Si querés contruir algo, separá la escritura de la descarga. 


Si no lo hacés, tenelo presente. No digo que todo lo que escribas en tu cuaderno sea para publicar. Tampoco está mal escribir para descargar y nada más. 


Pero si tu idea es hacer un trabajo de orfebrería para lograr algo que quieran leer otros, hay que ser frío. Quirúrgico. 


Separá. Tené claro los cajones. Porque si no, no vas a hacer bien ni una cosa ni la otra: ni harás terapia, ni cuentos. 


Otra vez, te quedás en el medio. 


Si querés escribir y producir ficción, yo tengo mi programa abierto hasta fin de agosto y te lo cuento en este video.


Nos vemos, divertite. 


C.