Me recibí de actor por una fotocopia
Una anécdota para graficar que, a ojos de otros, podés estar haciendo cualquier cosa. Pero no te tiene que importar si te gusta a vos.
2002. Tenía veinte años cuando entré al Conservatorio de actuación. Después de examenes de ingreso bastante intensos.
Y empecé las clases. Todos los días, cinco horas de cursada.
Hacía diez años que estudiaba actuación. Seis que trabajaba con una compañía, como asistente. Dos que daba clases.
Tiempo suficiente para saber que iba en serio.
Pero para mi mamá no. Aunque ella era amante del arte, y creo que le hubiera gustado practicarlo, todo lo que no fuera una carrera “útil” y terminara con diplomita colgado en oficina o consultorio, no era serio.
Yo tenía mi cuarto en la terraza, en la soledad de esa fortaleza estudiaba, ensayaba y escribía. Y mi mami cada tanto entraba para dejarme o sacarme ropa, acomodar y, después lo supe, espiar un poco.
Me recibí en 2006.
Mucho después, me dijo que hubo un día que se dio cuenta que yo iba en serio con el tema.
Fue cuando entró a dejar ropa limpia y vio, sobre el escritorio, un grupo de fotocopias. Se asomó: eran de historia del arte. Sobre el Teatro Kabuki y Bunraku. Del Bunraku me acuerdo algo puntual, que ya te contaré en otro mail.
Pero desde ese día, mi madre siguió pensando que yo hacía cosas de hippies. Pero me las tomaba en serio.
Estudié sin parar 25 años. Empecé teatro a los 12 y tengo 44. Sigo. Es mi matrimonio más exitoso.
Resulta que escribí un libro sobre mis años de conservatorio. No cuenta nada de mi madre, ni del teatro, pero dicen que entretiene.
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Nos vemos, divertite.
C.