Lo que mi abuela analfabeta me enseñó de escritura

Te voy a compartir unos pensamientos sobre escribir que para mí son la base de mi filosofía. 

Creo que este va a ser un mail largo. Ando con ganas de explayarme.

Cuestión. 

Abelardo Castillo decía que los escritores tenían “un puente roto” con el mundo y escribir era la manera de conectar. 

Yo creo que es así. Pero no solo los escritores: todos tenemos eso. Quizá no lo llamaría puente roto, sino, más bien, la posibilidad de expresarnos. 

De llegar a contactar con el afuera como lo  sentimos dentro. 

Pero  siempre es  una  batalla perdida. Y no por tu incapacidad, sino porque es así. Hay que aceptarlo.

Cuando le decís a tu hijo “te amo”, ¿esas dos palabritas alcanzan a expresar tu sentimiento? 

Para mí, incluso  con mi recorrido y ciertos logros que hablan de “éxito”, la expresión siempre es como intentar poner el mar en un vaso. Va a quedar mucho afuera cuando se lo des al otro. Rebalsa. 

Esto me hizo acordar a una anécdota que me contó mi madre. Que ya no está. Sobre mi abuela, que tampoco está. 

En los 70 mi mamá se había ido a vivir a España, con intención de no volver. Fue a buscar el sueño europeo. Menos mal que volvió porque quizá yo no estaría escribiendo esto. 

Cuestión. 

Mi abuela era inmigrante y había llegado en el 30. Era y fue analfabeta toda su vida. Con esfuerzo logró escribir “Ana Bruno”, para firmar algunas cosas. Se notaba en la letra que era más un dibujo que una firma. 

A su regreso en el 78, mi madre encontró escondidas en el armario unas cartas sueltas. Con garabatos, renglones torcidos y una letra desconocida. 

“Alicia te extraño…” “Estamos bien…”, cosas como esas.

Telegramas del sentimiento. 

Resulta que mi abuela había intentado aprender a escribir para poder comunicarse con su hija. No pudo. Nunca terminó las cartas. Pero las escondió. Y mi madre las encontró. 

Y me contó. 

Y yo ahora te cuento a vos. 

Qué linda es la palabra, carajo. 

Si te gusta escribir, y querés hacer ficción, que también expresa lo que uno es, dejo abierto mi programa hasta fin de mes. 

Te lo cuento acá. 

Como sea, escribí. Con amor,  por ganas. No te preocupes por “escribir bien”. Hacelo por tu gusto. 

Y porque nunca sabés a quién podés tocar  con tu palabra. 

Nos vemos, divertite.  

C

PD: Gracias por guardar eso, abuela. 

PD: Mi abuela es la de la página por donde entraste, esta.