I love the haters
Lo que me alegran el día los haters, no tiene nombre.
Me encanta esa expresión: es una emoción tan fuera de la escala humana, que no se le puede poner una palabra, por eso “no tiene nombre”.
Yo creo que si ellos realmente supieran lo que me pasa, no me escribirían.
Bueno, no. Son imbéciles y a eso se dedican, a no entender.
En estos días con el crecimiento fuerte en Instagram (38 mil y contando) empecé a recibir más que nunca y decidí algo que me encanta: armarme un archivo. Así que si encontrás algo donde hablan mal de mí, por favor avisame, me sirve.
Hace un tiempo recibí este:
Flaco, aunque lo de los 20 premios literarios sea verdad, la literatura es otra cosa, no se escribe para ganar premios, ni siquiera para publicar, se escribe para uno mismo, porque es una necesidad, no se puede vivir sin escribir. Si luego ganas un premio o te publican un libro, mejor, pero eso es otra cosa. Se nota mucho.
Creo también que la persona está en esta lista, así que te mandamos un beso grande.
Lo que más me impresiona de este tipo de comunicación, es intentar entender qué esperan.
¿Que yo lo lea y diga: tenés razón, amigo? Y salga a decir: entendí cómo es la verdad de esto, gracias a un mensaje de Pirulo1968.
Quizá esperan la pelea, pero tampoco viene.
Porque por ejemplo en este caso yo respondí:
Sos un desubicado. Soy medio rellenito, así que lo de flaco, no te lo acepto.
En lo otro, tenés razón en todo. Sos muy grosso como pensador.
Gracias por iluminarme, maestro. Ahora cambiaré todo por lo que me decís.
No cambié nada, obvio. Pero cómo me divertí.
Ah, me hablaba así a partir de la publicidad de mi Programa 1 a 1, que te cuento acá.
Nos vemos, divertite.
C.
PD: Gracias, haters. Por cada uno sé que hay varios copados silenciosos.