El nacimiento de la cosa

Hace casi treinta años, a mis 16, era asistente de un elenco de teatro. De un grupo teatral, en realidad. Sucesos Argentinos, se llamaban. Y yo los amaba. 


Hacían impro, los admiraba mucho, estudiaba con ellos y cuando me invitaron a ser parte del staff, me volví loco de contentor. 


Cuestión que después de las funciones, que siempre estaban llenas y eran una fiesta, me quedaba solo, acomodando la utilería. 


Y recuerdo el gusto por esa atmósfera. Por ese ritual terminado, que dejaba el aire impregnado de una alegría invisible que se iba depositando sobre las cosas, y que estaba solo para mí, ahí, por ese ratito. 


La alegría que queda cuando algo alegre termina y movió mucha energía. 


De esa época vienen mis ganas de escribir y hacer teatro y que siempre sea una fiesta: para replicar esa atmósfera.


Incluso haciendo el texto más dramático, escribiendo la novela más profunda, la fiesta del hacer arte y la fiesta del encuentro con otro, son para mí eso: una fiesta.  


Algún día voy a hacer un video hablando de esto. 


Pero como no tengo, con el de otro me entretengo. 


Te dejo uno de Cortázar que subí a mi canal donde cuenta cómo se le ocurrieron los cronopios, y sinceramente creo que habla de lo mismo que te hablé yo en el mail.


El video está en mi canal de YouTube, de paso suscribite. 


Nos vemos, divertite. 


C. 


PD: El video acá.