¿Cómo escribirán los caballos?

Una lección maestra sobre cómo tratarte a vos y a otros, para sacar lo mejor de cada uno. 


Si hay alguien que admiro en esta vida, es a Clint Eastwood. 


Pasó de ser el vaquero con cara de culo a uno de los mejores directores de la historia. En el sentido más integral. Para mí, sus películas son un gran ejemplo de cómo contar bien. 


Cuestión, que cuando graba, como director hace esto. 


Habla bajito. 


Eso. En serio. 


Con el set preparado, pregunta a los actores si están listos, si está todo okey, y arrancan. Todo en un tono apenas audible, susurrando como si hubiera gente en la habitación junto al set, a la que no quisieran despertar. 


¿Por qué?


Resulta que las primeras películas que hizo fueron westerns, y los directores no gritaban “¡Acción!” con esa energía de milicos entrando al combate, por un motivo práctico:


Los caballos se ponían nerviosos y se podían piantar, enervarse y tirar por los aires al jinete que tenían encima o meterle una patada a alguno. 


Entonces, era todo tranqui. Piano piano. 


Y el Eastwood lo siguió usando para tener un rodaje tranquilo, porque no seremos caballos, pero también tenemos un sistema nervioso que, cuando está relajado, nos ayuda a funcionar mejor. 


Yo veo que mucho de los que llegan al programa están así: tensos con la escritura. Tensos por los años de haberse formado y tanta información, más las críticas no solicitadas, más no saber si van bien, más más más más, atravesados por escenas que te alejan del deseo y el gusto original y te generan una sola cosa: tensión. 


De hecho, ayer una persona nueva que ingresó al programa me dijo que la familia no la había apoyado en la escritura. Tensión. Que en el último taller que había hecho, ya no era feliz. Más tensión. Que no sabía si lo que hacía era bueno. 


Sumale más escenas similares y hacé el cálculo: tensión acumulada con interés compuesto. 


¿Quién puede escribir así? 


En la primera parte de mi programa, trabajamos esto. No hacemos yoga ni respiración, ni prendemos sahumerios, tranqui: encaramos dos o tres ideas básicas para relajarte y escribir. Si no, ¿para qué darte más herramientas? ¿Para que te duela más el cuello al escribir?


Acá te cuento cómo trabajo. Piano, piano.


Nos vemos, divertite. 


C. 


PD: Hablate bajito y bien cuando escribís y fijate si pasa algo mejor.