No te digo quién era porque no es lo importante.
Una de cómo la envidia saca lo peor incluso de los que ya lograron algo. Situación:
Una vez actué en una obra, en un teatro muy importante, con un actor más importante.
El autor venía, cada tanto. A ver qué onda. No dirigía, no tenía invitación al proceso creativo, pero venía. Me parece perfecto.
No te digo quién era porque no es lo importante.
Cuestión.
En esa época yo solo escribía narrativa. Y escribí un cuento. Que mandé a un concurso grande.
Y lo gané, en la temporada de funciones.
Todo el elenco me acompañó a la premiación. Divinos. Me sorprendió su afecto. De la ceremonia, nos fuimos juntos a la función.
Mientras nos preparábamos, recibimos visita del autor. Todos me seguían saludando y él preguntó qué pasaba.
“Carlitos ganó Tal Premio, con un cuento”, dijo uno.
Él autor me miró. Vi su boca que se abría para decir lo que se supone que hay que decir ("muy bien", "te felicito") pero se le torció el gesto y dijo:
“Igual el teatro es más difícil”.
[Sonido de grillos]
“Claro”, dije, y me fui a seguir haciendo ejercicios de calentamiento antes de la función.
Ese día pensé: cuando escriba y me vaya bien, nunca voy a hacer sentir menos a nadie.
Si me ves haciéndolo, tirame con una bazooka.
Ah, y después escribí teatro, también. Gané bastante más premios que el señor mala onda.
Gracias señor mala onda por avisarme que era difícil. Creo que me preparé bastante bien.
Incluso mi primera obra la repuse y hace la última función el sábado. Sacás entradas acá.
Te dejo venir a saludarme a la salida y decirme: “pero hacer panqueques es más difícil” o “hacer pilates es más difícil” o "respirar bajo el agua es más difícil".
Maltratame como quieras, mientras vengas.
Nos vemos, divertite.
C.
PD: Escribir en cualquier género es difícil, señor mala onda.