¿Sos persona quejica o creadora?
Si usáramos la misma energía que gastamos en decir que no podemos, que no nos dieron pelota, que por qué no es gratis, que cuando era bibi deberían haberme dado leche de vaca relajada, que cuánto me falta y otras excusas, si usáramos todo eso en construir, te sorprenderías de cuánto se avanza.
Veamos.
Si no tenés plata, no podés comprarte ese libro que te parece que te va a dar las herramientas más maravillosas para escribir. Punto.
¿Querés escribir? No te quejes: escribí igual. Buscá reportajes de ese autor del libro que no vas a comprar, tomá notas y usá lo que se te ocurra.
O piratealo.
Si trabajás, tenés dos chicos o padres que son como chicos, treinta cosas domésticas por segundo que resolver, no tenés tiempo y no podés sentarte seis horas seguidas porque pensás que así vas a poder finalmente escribir la maravilla que tenés en la cabeza. Punto.
¿Querés escribir? No te quejes: escribí igual. Cancelá 40 minutos de un día por semana y escribí lo que puedas. Repetí. Vas a ver cómo sale.
Y si querés cambiar escribir por pintar, leer o algo que te gusta y lo hacés solo por gusto, cambialo.
Me parece que la idea ya la entendimos.
Si me dieran una moneda por cada vez que alguien me dijo “este año sí que escribo, teneme en cuenta” o “te contacto pronto para trabajar con vos”, las usaría para armar un castillito. Y si las monedas fueran de oro, las gasto.
En un programa como este.
Algo que armé pensando en qué me hubiera gustado estudiar a mí hace veinte años.
Nos vemos, divertite.
C.