Me han dicho el mejor piropo que puede recibir un dramaturgo.

Es lo que llamo un piropo técnico, que no quiere ser piropo, pero lo es si sabés leerlo.

Y te lo voy a explicar bien porque te puede enseñar sobre la importancia del diálogo. En cualquier género.

Cuestión.

Terminé un borrador de obra nueva y ya se la pasé al elenco que va a trabajar conmigo. Spoiler: voy a dirigir también. Y actuar. Bien loquito.

Así que andá guardando algún viernes de octubre o noviembre para venir. Ya te pasaré más info.

Decía: les mandé el texto.

Y alguien del elenco me dijo lo mejor que podía escuchar:

“Qué fácil que se me hace decir lo que escribís”.

Atención a los verbos porque ahí está la clave.

Primero, que se le hace fácil. No siente que tiene una piedra en la boca, cosa que les pasa a muchos que actúan cuando se ponen entre dientes un texto indecible.

O sea, se siente liviano.

Segundo, “decir”. El diálogo es para ser dicho, pronunciado en voz alta. ¿En narrativa también? También.

Corregí así, leyendo en voz alta. Tiene que sonar bello, sí, pero también posible.

“Fácil”, “decir”... lo que escribí.

Todo empieza en el texto. Y yo estoy al final de la oración. Soy el que escribe e inaugura el evento, pero luego eso será dicho por alguien para que lo escuche otro.

El público.

Quien escribe lo hace para ser leído o dicho. Y desaparece. Y en ese moverse del centro está más presente que nunca.

Entonces: cuando escribas diálogo, leelo en voz alta y preguntá: ¿se te hace fácil?

Incluso te sugiero que cuando escribas cualquier cosa, también leas en voz alta. ¿Se te hace fácil? 

Si sentís que al decirlo estás en una carreta sobre empedrado, imaginate cómo le va a doler el oído a quien te escuche (o los ojos a quien lee).

Si manejás bien el diálogo, manejás gran parte del narrar.

Dale bola.

Y si querés charlar más conmigo de estos temas, en mi programa lo hago. Acá.

Amo el diálogo.

Nos vemos, divertite.

C.

PD: Leé el mail en voz alta y fijate cómo suena.