Ah, qué lindo ser vintage
Pedí que si alguien tenía ganas me respondiera sobre la experiencia con estos mails y recibí cosas como:
“…cuesta convencerse hoy en día de que podemos interactuar con alguien que —en principio— es un ser humano”.
“Quiero que sepas que los guardo todos”.
“Me inspiran”.
“… me dieron la idea de ir a escribir en el baño”.
“Junto varios y me los clavo juntos en un día, como caramelos”.
“Los leo mientras como helado”.
“Te quiero mucho, tío”. (Es mi sobrina, no un suscriptor de España)
“¿Quién sos? Sacame ya de esta lista”.
“Hay dos errores de ortografía. Nada que me vendas lo compraré”.
“Aguante el Indio”.
De todo lo leído, desprendo dos cosas:
Primero, que soy humano en principio, después no sé.
Segundo, que existe de todo en la viña escritoril del Señor.
Y ya hay en el universo algo que antes no había.
50 mails. Todos te cuentan algo, te explican algo, te generan cositas como las que conté arriba.
Todos, acá.
En un blog como antes. Que se llamaba blog. Donde la gente hacía una cosa hermosa: leer y escribir.
Ah, qué lindo ser vintage.
No digo que todo tiempo pasado fue mejor, eh. No. Lo mejor es ahora.
Pero está bueno traer de ese pasado lo que nos haga bien y nos parezca lindo.
El resto es algoritmo.
Nos vemos, divertite.
C.
PD: Reenviále esto a quien le guste o le sirva: hay muchos que quieren escribir y necesitan un empujoncito. Seguro sabés quién.
PD 2: Yo también te quiero, Bianquita.