Una trampa que seguro te hacés (y te sale bárbaro)

La mayoría de mis clientes querían escribir desde jovenzuelos.


Terminado el secundario, como no había (todavía no hay y no creo que haya nunca) una carrera de escritura oficial, estudiaron lo que creyeron que más se les parecía y que más o menos les gustara.


Psicología. Letras. Filosofía.


Con la idea de, mientras, escribir.


Pero pero pero


Estudiar una carrera te mete en un tubo difícil para hacer otra cosa, y en el medio sigue la vida. La agenda para escribir, bien, gracias.


Otros dijeron “bueno, después” e hicieron cosas claramente alejadas. Abogacía, medicina, etc. El Plan B por si no funciona el Plan A.


Nunca pensaron que si no hacés nada por el Plan A, obviamente no va a funcionar.


Cuestión: pestañeás y tenés 60. O más.


Ya lo podés sentir antes, igual. Ya sabés que el partido se termina y aprender algo lleva su tiempo.


No tengo abiertos los cupos para trabajar conmigo.


Te digo todo esto porque faltan cinco días para la última función de la obra de la que te hablo hace meses, y después se termina.


Y el “ay, justo iba a sacar y no había” es una de las frases que más me dicen cuando termino un espectáculo.


Si querés ganarle al justo, sacá entradas acá.


Ya hay más de media sala vendida.


Nos vemos, divertite.


C.


PD 1: Si querés mandarle el link con descuento a alguien, podés. No tengo sistemas informáticos de la CIA para prohibirlo. Lo único que tengo son ganas de que vengan a ver la obra.


PD 2: Justo, justito.