Mi opinión sincera sobre las carreras de escritura
Un comentario sobre la diferencia entre saber y hacer.
Me escriben dos personas que se recibieron en una Diplomatura en Algo de Escribir. No digo exactamente qué, porque no es lo central. El tema es que hicieron una carrera que, se supone, los prepara para escribir.
Me dicen que no pueden terminar nada. Y que, mientras ellos cursaban, se acordaban de que yo ganaba premios en eso mismo que ellos estudiaban.
Tres premios, de hecho. Uno atrás del otro.
Otra persona me dice que terminó una Maestría en Creación Literaria.
Epa.
En Europa, ojo.
Epa epa.
Me dice que no puede terminar lo que está haciendo y siente que se empantanó.
Fueron a los mejores lugares, con los mejores profes. (Ponele: si mirás, muchos no escribieron nada o hicieron lo último hace veinticinco años).
¿Cuánto vamos a sostener sistemas clásicos y grupales para algo que no lo es, como escribir?
Yo traté de ingresar dos veces a la carrera de Dramaturgia en el Conservatorio.
Me bocharon. Las dos. Gracias.
Todo lo que logré fue sin cursar ninguna Mega Master Diplomado En Escribir Sandunga.
¿Mi opinión de las carreras de escritura? Creo que está clara. Igual, por las dudas:
Sirven, claro. Si las usás para enseñarte a vos lo que te gusta. Si no, te metés en un sistema pensado para lo grupal.
O sea, lo mediocre. Que no viene de algo malo: viene de medio.
Todo en el medio para que nadie se hunda, pero tampoco resalte.
Para la creatividad, en algún momento hay que soltar la cabeza de alumnado. Ganar autonomía y bancársela.
Mañana hablo de eso acá, cuando charle con un amigo sobre el proceso del Festival.
Y el sábado me tomo un café con vos, si querés, y hablo de cómo destrabar tu manuscrito. En cualquier género. Es un lugar lindo donde hacen cosas ricas. Acá.
No entrego certificados de asistencia. Si querés papelitos que certifiquen que fuiste, estás en otra onda.
Te veo ahí.
C.
PD: No entrego certificados de asistencia. Pero nos podemos clavar una selfie como prueba.