Manipulame que me gusta
Anécdota que grafica cómo la narrativa en el arte es engaño direccionado.
Estaba yo en el estudio de Julio Chávez, aprendiendo. Dos compañeros pasan una escena: Hamlet y Ofelia.
Él nos muestra a todos que llevó un rosario hermoso, antiguo. “Era de mi abuela”, dijo.
Empieza la escena y todos dejamos de mirar qué pasaba: lo único que nos importaba era que no se rompiera el besho rosarito.
Dos semanas después, hacía la misma escena yo.
Compré un rosario berreta en una santería. Se lo puse a mi compañera y le dije: en algún momento te lo voy a arrancar. Vale veinte pesos y no es de mi abuela, así que tranqui.
A la gente no le dije nada.
Empezó la escena y, a los diez minutos, le agarré el rosario del cuello y traaaac: las perlas volaron y escuché un “oh my god” generalizado.
Todos pensaron que había profanado una reliquia familiar.
Apenas me costó un billete de 20, de los que tenían a Rosas.
Utilizo la misma técnica de manipulación en la obra de este sábado, a la que le quedan dos funciones.
Entradas con descuento acá.
Si te gusta que te peguen una buena manipuleada voluntaria, venite.
Nos vemos, divertite.
C.