La noche que jugué en la NBA

Cuando hacés lo que te gusta, sos feliz.

Si lo compartís con amigos, te explota el corazón.

Y si encima lo hacen bárbaro, te explota… no sé qué, pero es mejor.

Esta viene de ahí.

Un día escribí una obra. Para dirigirla y actuarla con amigos. Y producir. ¿Loco? A mucha honra.

La hicimos 5 años, 120 funciones. 

En una función, alguien se olvidó un texto. Yo estaba atrás, por salir. Con otro, también por salir.

Como director y autor, sabía que ese texto que se habían comido tenía información importante y que, si no se decía, no se entendía algo de la trama.

Le dije al que estaba atrás conmigo: cuando entres, vas a decir esto y esto así, para que Equis entienda que tiene que decir esto y esto.

Le cambié la letra y le agregué otra. Yo sabía que Equis, adentro, iba a responder bien. Iba a entender mi mensaje encubierto y a decir el texto que faltaba. Iba a entender mi jugada. 

El que estaba por salir me miró como si yo estuviera loco. Salió y lo hizo.

Equis respondió como yo esperaba.

¿Viste cuando un jugador de la NBA tira la pelota junto al aro y otro de pronto salta y la emboca, como por arte de magia?

A ese nivel me sentí.

A ese nivel estamos el sábado en “He visto un aparato”.

Jugadas fruto del amor que le ponemos. Y el talento grupal. 

Última función. Última que te aviso, porque quedan pocos y, a este ritmo, para mañana no va a haber.

Reservás acá.

Nos vemos, divertite.

C.