Anécdotas deliciosas de teatro. Vol I.

Me avisan por cucaracha que ya se vendió media sala para la función de este sábado, y lo mismo para la otra. Son las últimas dos.

Hoy estuve pensando qué hacer para convencerte de ir.

Porque no quiero que te la pierdas. Te imaginarás que el teatro independiente no llena mis arcas. Pero como sé que la vas a pasar bien, te quiero dar motivos para que no te la pierdas.

No encontré mejor manera que contar anécdotas vividas con el gran equipo con el que trabajo.

Acá va una: para la segunda función de “Sucursal”, uno de ellos tenía furcios de letra graves que impedían tirar bien los pies. Digámosle a este “Señor O”.

Hicimos una reunión para hablar del tema. Pero saltó otro (digámosle “Señor C”) y dijo que a O. había que tratarlo bien. No echarle en cara nada. Cuidarlo. Que seguro haría las cosas bien.

O. agradeció y prometió que esa misma función resolvería todo. Hasta ahí, todo bien.

Cuando empezó la función siguiente, O. tuvo más pifies que en todas las funciones anteriores.

Señor C, que estaba detrás de bambalinas conmigo, me miró y me dijo: “Retiro todo lo dicho”.

Lo que no retiro yo es que te vas a divertir con mi obra, y que te dejo entradas con descuento porque sos parte de esta lista: acá.

Te veo ahí. Avisame si vas.

Nos vemos, divertite.

C.

PD: Amo a mis equipos de trabajo, que me regalan estos momentos.