Abracadra, una palabra
Lección de maestros, de dos potencias que se saludan sin verse, y que te puede cambiar el concepto sobre lo que es hacer arte.
Abelardo Castillo cuenta lo siguiente en “El oficio de mentir”.
Él era un joven escritor y lo incluyeron en una antología con algunos que ya eran grandes (en todos los sentidos).
A cada escritor le mandaban un cuestionario con las mismas preguntas, entre ellas, cuándo escribían.
Abelardo, que era joven (en todos los sentidos) habló de la noche, de que el silencio y la oscuridad de las estrellas que titilan, la inspiración en esa hora aciaga, blablabla.
Cuando le llegó el libro, fue directo a leer la entrevista a Borges, que en esa época ya era el Messi de los escritores.
Miró la respuesta a la pregunta ¿Cuándo escribe?
Borges había respondido con una palabra sola. Certera y definitiva como la marca de un flechazo perfecto.
“Siempre”.
Dice Abelardo que en ese momento entendió que la escritura era una manera de vivir.
Por supuesto, la escritura puede ser todo y sentís que lo hacés siempre, pero no es literal que escribís las veinticuatro horas.
También hay que pagar los impuestos e ir al baño, hidratarse y dormir ocho horas. O eso dicen los que saben.
Quizá estás acá y no escribís. Seguro hacés algo creativo. Hacelo siempre. Empezando por sentirlo cerca, por no soltarlo.
Después se trasladará en horas y acción.
Si querés escribir bastante y sintiendo que tenés un norte, tengo mi programa acá
Nos vemos, ivertite.
C.
PD: en el mail de mañana hablo de chuponer.
PD 2: mi programa, acá.